Thursday, October 11, 2007

Fiel de la balanza

Cuánta razón tenían, sí, aquellos
filósofos sagaces de la amántica
cuando afirmaban que en romántica
se pueden prometer sólo momentos

Y de dos que se quieren uno más
ama y el otro casi nada o nada
Una es el alma infiel y afortunada
fiel la otra y desdichada, cruel jamás

Pues de dulces crueldades Uno vive
y sin esfuerzo Otro ama a veces
siendo, más bien, a no sufrir proclive

no pierde el tiempo con ridiculeces
en espera quizá de quien cautive
su ser y la miel cóbrele con creces

Despojos

No era mi corazón el que latía
Ni mis venas pulsaban tono alguno
Sino el mínimo andar de un talle bruno
Que repiqueteaba el alma mía

Ya nada recordaba, no sentía
Ni pena ni pasión... ¿Dolor?... Ninguno
Sólo mi cuerpo de tu cuerpo ayuno
Sangraba mares de melancolía

Mi aliento extinto yace junto a esos
Magros restos de mí, pellejo inerte
Aferrándome al sueño de tus besos

Mas no lamento nada, ¡tuve suerte!
Agradezco a la Vida tus excesos
Y que tu vida me causó la muerte

Bajo llave

En un baúl guardé dos tersos ojos
la miel de unas caderas, y el sutil
reírse de esa sarta de marfil
agazapada tras tus labios rojos

Metí también suspiros y sonrojos
la suma de tus pechos y el febril
tañido de tu cuerpo en el viril
infierno primeval de mis antojos

Perdí luego las señas de la llave
y la llave y la caja y yo también
muriendo me extravié en tu aroma suave

Y te hallé, a la orilla del Edén
mi universo creabas, tenue ave
del Paraíso, !y yo latía...! Ven